Manifestantes en favor de la unidad de BélgicaEl actual bloqueo de las negociaciones intercomunitarias belgas para transformar el actual estado federal en uno confederal está fomentando un alza de las expectativas electorales de las formaciones políticas más nacionalistas de cara a los comicios locales y regionales que se celebrarán el próximo 7 de junio, coincidiendo con las elecciones al Parlamento Europeo.

Un sondeo publicado hoy por el diario La Libre Belgique y la cadena televisiva francófona RTL-TVI muestra un alza importante de la intención de voto de la población flamenca hacia los grupos políticos más nacionalistas, que contribuirá a radicalizar aún más al primer partido regional: los democristianos flamencos (CDV). Flandes, la región más rica, poblada y dinámica de Bélgica, reclama desde hace años un drástico aumento de las competencias regionales y el recorte de las transferencias de fondos hacia la empobrecida Valonia.

El sondeo confirma a los democristianos flamencos del primer ministro Herman Van Rumpuy y del presidente flamenco Kris Peeters como la primera fuerza regional, con el 21,9% de los votos.

El segundo puesto corresponde a la populista y nacionalista Lista Dedecker, con el 16,6% de las intenciones de voto, un alza espectacular comparada con el 6,5% de votos obtenidos en las elecciones legislativas del 2007.

Esta joven formación política con sólo dos años de vida defiende un programa ultraliberal, antimonárquico y a favor de la creación de un estado flamenco, confederado con Valonia. Su líder, el antiguo entrenador de judo Jean-Marie Dedecker, es el segundo dirigente más popular de Flandes, a sólo un punto del ex primer ministro belga Guy Verhofstadt (liberal) que encabeza en ranking y muy por delante del actual primer ministro federal y del presidente de Flandes.

Los liberales flamencos (VLD), sin lograr remontar, serían la tercera fuerza política, con el 16,3% de los votos, pero seguidos muy de cerca por la extrema derecha independentista del Vlaams Belang (Interés Flamenco) con el 15,3% de los votos. Los sondeos suelen infravalorar el voto de los ultras flamencos, que obtuvieron el 19% de los votos en los comicios legislativos del 2007.

Los nacionalistas del NVA obtendrían tras la ruptura de su cartel electoral con los democristianos un 6,5% de los votos, lo que les garantizaría su supervivencia política y acabaría de reforzar el carácter marcadamente nacionalista del futuro parlamento regional.

Los socialistas flamencos (SPA) tampoco logran remontar su actual bache político y sólo cuentan con una intención de voto del 15,3%, lo que les relega al poco influyente puesto de quinta fuerza política regional. Los verdes, con un retroceso respecto al sondeo de diciembre, asimismo se mantienen estancados en un 6,6% de los votos, menos que en las anteriores regionales del 2004.

En el lado francófono, los sondeos confirman el retroceso de los socialistas (PS) a causa de la acumulación de escándalos de corrupción y a su gestión escasamente eficaz. No obstante, el PS se mantiene como primera fuerza política en Valonia, con el 27,2% de la intención de voto frente al 36,9% obtenido en los comicios regionales del 2004.

Los liberales francófonos (MR) pisan los talones a los socialistas, con el 24,8% de los votos, aunque la crisis financiera, devastadora en Bélgica, ha erosionado la credibilidad de su líder y ministro de Finanzas federal, Didier Reynders.

Los ecologistas francófonos se convertirían en la tercera fuerza política regional, con el 19,7% de los votos, lo que constituye un salto importante respecto al 8,1% obtenido en el 2004. Los antiguos democristianos francófonos, autorebautizados humanistas (CDH), retroceden a un cuarto puesto, con el 18,3% de la intención de voto.

La extrema derecha francófona, a diferencia de la flamenca, sigue sin conseguir levantar cabeza y sólo obtendría el 4,9% de votos, con un nuevo retroceso respecto al 8,5% obtenido en las regionales del 2004 y al 5,6% de las legislativas del 2007.

Este panorama político, con una Bruselas masivamente favorable a los partidos francófonos, parece condenado a reforzar el impasse en las negociaciones para reformar el estado belga. Esto alimentará aún más las aceleradas tendencias centrifugas flamencas y hará cada vez más insostenible el mantenimiento de la unidad formal de este país fracturado desde hace tiempo.