El conservador portugués José Manuel Durao Barroso, el anfitrión de la cumbre que desencadenó la invasión de Irak, ha sido reelegido hoy por el Parlamento Europeo para presidir la Comisión Europea por un segundo mandato de otros cinco años con la promesa de que ahora será comportará de forma diferente.
Barroso, que durante estos últimos cinco años cambiaba de opinión en función de las presidencias semestrales de turno de la Unión Europea (UE) y que se ha especializado en opinar lo que sus oyentes quieren escuchar, ha asegurado que ahora mostrará coraje, firmeza y ambición europeísta.
Tras resistirse numantinamente a impulsar una regulación eficaz del sector financiero hasta que la crisis y la presión de Alemania y Francia le obligaron a cambiar de opinión, promete ahora que impulsará una amplía reforma para reforzar la regulación y supervisión efectiva de las entidades y operadores financieros.
Después de defender posiciones ultraliberales en materia económica y laboral, como el proyecto de liberalización salvaje de los servicios o las actividades portuarias y de promover una reforma de la directiva de trabajo que perpetuaba las jornadas laborales de 65 horas semanales, Barroso afirma que defenderá los derechos laborales y combatirá el dumping social.
Tras apoyar durante cinco años la multiplicación de los controles, la cesión de los datos personales de los ciudadanos europeos a una potencia extranjera -Estados Unidos- y la autorización a la Administración norteamericana para que espíe las transacciones bancarias de los ciudadanos europeos, Barroso promete que defenderá y protegerá los derechos y libertades de los europeos.
Gracias a todas esas promesas, a tres meses de intensa labor de seducción y a la presión de algunos gobiernos socialistas, Barroso obtuvo hoy una mayoría absoluta de 382 votos a favor, 219 en contra y 117 abstenciones. El dirigente portugués contó con el respaldo del grupo popular, de los euroescépticos, de una parte del grupo liberal y de los socialistas españoles y portugueses.
El apoyo de los socialistas españoles permitió a Barroso conseguir la mayoría absoluta, que exige el futuro Tratado de Lisboa y sin la cual su elección hubiera quedado deslegitimada. El grupo socialista, pese a criticar con dureza la gestión de Barroso, optó mayoritariamente por abstenerse. Los Verdes e Izquierda Unitaria votaron en contra porque no creen que ahora vaya a hacer "todo lo que no ha hecho en cinco años".
La falta de credibilidad de Barroso quedó resaltada por la decisión de los eurodiputados socialistas catalanes Maria Badia y Raimon Obiols de no someterse a las instrucciones del Gobierno de votar a favor del candidato conservador. Ambos diputados se abstuvieron, siguiendo la consiga del grupo socialista europeo, mientras que los eurodiputados del PSOE acataron fielmente el dictado de Madrid.
Esta no es la primera vez que los eurodiputados del PSC se desmarcan de las directrices oficiales. En la votación de la polémica directiva sobre retorno de inmigrantes irregulares en junio del 2008, Josep Borrell, Raimon Obiols y Martí Grau también se negaron a votar a favor del texto pactado por los Veintisiete como quería el Gobierno.
El líder de la delegación socialista española, Juan Fernando López Aguilar, justificó el voto a favor de un conservador por la necesidad de luchar contra la crisis y proseguir la integración europea, a pesar de la gestión durante su anterior mandato y a que Barroso se ha distinguido por sus constantes vaivenes y cambios de opinión política que le han valido el calificativo de camaleón. Los eurodiputados de ICV, IU, ERC, PNV y UPD votaron contra Barroso, mientras que el representante de CiU votó a favor.
A pesar del éxito político de haber logrado una mayoría absoluta, Barroso obtuvo bastantes menos votos que en su primera elección en julio del 2004, cuando consiguió el respaldo de 413 diputados. Barroso también ha conseguido menos votos que Romano Prodi en 1999, que logró el respaldo de 392 diputados en una Eurocámara con 110 escaños menos que ahora.
Barroso había sido designado en junio para un segundo mandato al frente el Ejecutivo comunitario por los líderes de los 27 países miembros de la Unión Europea (UE). Pero necesitaba la ratificación de la Eurocámara, que retrasó el voto dos meses para obligarle a comparecer ante cada grupo parlamentario.
Para vencer la hostilidad de los eurodiputados socialistas y liberales y asegurarse un respaldo suficiente, Barroso multiplicó durante la víspera en el pleno de la Eurocámara sus promesas a ambos grupos y aseguró que la futura Comisión Europea representará a las distintas familias políticas. Barroso se comprometió a defender los derechos laborales, a combatir el dumping social, a reducir las diferencias salariales entre hombres y mujeres, a desarrollar los servicios públicos de interés general y a revisar la polémica directiva sobre la jornada laboral.
A los liberales, Barroso les prometió crear un cargo de comisario para velar sobre los derechos y libertades fundamentales (separando esta cartera de la de Interior) y otro comisario responsable de la lucha contra el cambio climático. Asimismo, se comprometió a impulsar un amplia y ambiciosa reforma de los mercados financieros para reforzar la regulación y supervisión entidades y operadores.
Tras la elección, Barroso aseguró que trabajará con firmeza en favor del «partido de Europa» y que colaborará con todos los grupos políticos que quieran «una Europa de solidaridad y libertad».
Son muchas promesas y muchos cambios radicales para un presidente de la Comisión Europea que ni siquiera se atrevió a criticar o desautorizar al comisario irlandés Charlie McCreevy cuando este denigró públicamente el Tratado de Lisboa y que tampoco se opuso a que el comisario de Industria, Günter Verheugen, nombrara a su amante jefe de gabinete.