sábado, 06 de marzo de 2010 9:55
Eliseo Oliveras
Coto a los excesos antiterroristas
El Tribunal Constitucional
alemán ha puesto coto esta semana a los excesos de la lucha antiterreorista a
los que se están librando los gobiernos de la Unión Europea (UE). Con la excusa
de reforzar la seguridad ante la amenaza terrorista islámica, los gobiernos
occidentales están recortado de forma peligrosa los derechos y libertades
individuales de los ciudadanos, que tantos sacrificios y luchas costaron en el
pasado para levantar una protección frente a los abusos de poder del estado y
de las autoridades.
La máxima autoridad judicial
alemana consideró el pasado 2 de marzo que la legislación de retención y
conservación de datos de las telecomunicaciones violaba el principio básico
de la Constitución alemana que garantiza la inviolabilidad de la
correspondencia y las telecomunicaciones.
La polémica legislación obligaba
a las compañías de telecomunicaciones alemanas a guardar durante seis meses
todos los datos de las llamadas con teléfonos móviles, la situación geográfica
de los usuarios respecto a las antenas, las conexiones a internet y los envíos
de correos electrónicos para su eventual utilización por la policía y los
servicios secretos nacionales y extranjeros.
Esta ley alemana es la
aplicación a nivel nacional de la normativa europea pactada por los gobiernos
de la UE en el 2005 bajo impulso de la Comisión Europea durante la funesta
presidencia británica de la UE. Unas leyes similares se aplican en los demás 26
estados europeos, que comparten esos datos sin control con las autoridades
norteamericanas.
La sentencia del Tribunal
Constitucional alemán, que ha obligado a las compañías de telecomunicaciones
alemanas a borrar todos los datos almacenados, destaca que la legislación no
garantizaba un uso restringido de los datos almacenados y permitía una
intrusión en la vida privada de los ciudadanos a un nivel desconocido hasta
ahora.
Los jueces del máximo
tribunal alemán señalaron que cualquier almacenamiento de datos debe quedar
sujeto a estricta supervisión, que las autoridades no pueden tener un acceso
indiscriminado a todos los datos almacenados, que debe justificarse para que
van a utilizarse en cada caso esos datos y que debe preservarse que no se
produzca un abuso de los datos personales de los ciudadanos.
Este es el segundo triunfo
de las libertades y derechos individuales que se produce en las últimas semanas
en la UE, tras la histórica votación del Parlamento Europeo el pasado 11 de
febrero, que anuló el acuerdo Swift que permitía a las autoridades
norteamericanas el espionaje indiscriminado y permanente de los datos
personales de las transferencias bancarias de los ciudadanos y las empresas
europeas.
Los defensores
gubernamentales de convertir nuestras democracias en regímenes de carácter cada
vez más policial se han apresurado a recitar las falacias habituales de que
esta sentencia crea un peligroso vacío de seguridad que aumenta el riesgo de
atentado terrorista en Europa.
Sin embargo, la realidad es
bastante diferente. Si existe una sospecha fundada sobre las actividades ilegales
o peligrosas de cualquier residente en la UE, a través de una autorización
judicial, la policía puede obtener no sólo los datos de cuando el sospechoso se
conecta a internet, envía un correo electrónico o efectúa una llamada
telefónica, sino que se tiene acceso incluso al contenido de esas
comunicaciones y de sus transacciones financieras. Por tanto, no existe un
mayor peligro que antes de la sentencia o de la derogación del acuerdo Swift.
Si existe una sospecha fundada,
la información necesaria para garantizar la seguridad de la población se puede
conseguir de forma rápida y efectiva, bajo tutela judicial, sin la necesidad de
colocar a todos los ciudadanos bajo sospecha.
Lo que hacen en realidad las
nuevas legislaciones de seguridad que están impulsando la Comisión Euripea y los
gobiernos occidentales es convertir a todos los ciudadanos en sospechosos por
principio y tratarlos como tales. Esto constituye un inaceptable retroceso
histórico que amenaza con devolvernos a épocas autoritarias y absolutistas que
creíamos superadas. Guantánamo y los métodos de tortura generalizados por la
CIA durante el nefasto periodo de la Administración Bush nos advierten que los
tiempos de la Inquisición pueden volver por poco de bajemos la guardia.