miércoles, 31 de marzo de 2010 16:27
Eliseo Oliveras
Hacer pagar la crisis al obrero
Desde
la cúpula del Banco de España, de la Comisión Europea, del Banco Central
Europeo (BCE) y de la patronal se insiste una y otra vez en que la salida de la
crisis económica actual pasa por abaratar el despido y reducir los salarios de
los trabajadores, a pesar de que los asalariados no son responsables de las
decisiones que han conducido a la crisis.
Es
sintomático que todas las arengas a favor de abaratar el despido y reducir los
salarios procedan de personas como el gobernador del Banco de España, Miguel
Ángel Fernández Ordóñez, o el comisario europeo Joaquín Almunia, con unas
retribuciones salariales elevadísimas, con una más que desahogada situación
económica, que desconocen lo que significa tener dificultades para llegar a
final de mes y que cuando concluyan sus mandatos recibirán unas generosas
compensaciones retributivas.
Sorprende
que estas recetas siempre sean para aplicar a otros, no a si mismos, que no
vieron llegar la crisis, ni adoptaron la más mínima medida para prevenirla, ni
para frenar la galopante burbuja inmobiliaria, ni detener la irracional
política crediticia de las entidades financieras.
Esas
recetas curiosamente tampoco se recomiendan para los ejecutivos y directivos de
las compañías, de los bancos y de las cajas de ahorro, que sí tomaron las
decisiones equivocadas que nos han llevado a la actual penosa situación, ni a
los ejecutivos y gestores de los fondos de pensiones e inversión que han
dilapidado con sus decisiones cuestionables los ahorros de sus clientes.
El
abaratamiento del despido sólo parece destinado al asalariado y nadie menciona
las escandalosas compensaciones que reciben los ejecutivos cuando abandonan las
compañías o las entidades financieras.
La
reducción de los salarios sólo parece también destinada a aplicarse
exclusivamente a los trabajadores, ya que el Banco de España no cuestiona las exorbitantes
retribuciones de muchos directivos, ni los notables incrementos de los ingresos
que se han acordado a si mismos los directivos y los consejos de administración
de los bancos y cajas de ahorros, aunque su gestión ha dejado mucho que desear
o ha sido sustancialmente errónea, como demuestran las presiones para acelerar
las fusiones de las cajas y la persistente restricción crediticia que ahoga el
país.
El
abaratamiento del despido en España sólo conduciría a un disparo astronómico
del desempleo, que generaría un nuevo incremento del déficit público y
supondría descargar los costes empresariales sobre las espaldas de toda la
población.
La
reducción de los salarios en un país que cuenta ya con demasiados mileuristas y
un elevado desempleo contribuiría también a frenar aún más el consumo y a
retrasar la salida de la crisis.
Durante
el largo periodo de bonanza económica las compañías no aprovecharon los
cuantiosos beneficios que obtenían para consolidar unas reservas suficientes
para afrontar el futuro. Ahora, los trabajadores, que durante la época de vacas
gordas no viajaban en jet privado ni compartían el tren de vida de los
ejecutivos, son a quienes se pide una vez más se aprieten el cinturón.