miércoles, 21 de abril de 2010 20:01
Eliseo Oliveras
Caos aéreo evitable
A
medida que Europa va recuperando la normalidad en el tráfico aéreo tras cinco
días consecutivos de cierre del espacio aéreo y millones de pasajeros
bloqueados por todo el mundo, resulta cada vez más evidente que todo este caos
se podría haber evitado.
El fiasco aéreo por exceso de prudencia se suma además al reciente alarmismo gratuito creado con la falsa peligrosidad apocalíptica de la pandemia de gripe A y anteriormete de la también anunciada como catastrófica gripe aviar.
Las dos grandes lecciones de la crisis son que no se
pueden basar las decisiones en modelos puramente teóricos sin datos empíricos precisos y que Europa necesita
una gestión común de su espacio aéreo.
Las
autoridades nacionales reaccionaron con excesiva precipitación al cerrar todo
el tráfico aéreo a causa de la nube de cenizas del volcán islandés y luego
tardaron demasiados días en rectificar.
El
sucesivo cierre del espacio aéreo se produjo en base a unos modelos matemáticos
teóricos basados en una serie de presunciones y probabilidades, pero sin el más
mínimo dato empírico, ni sobre la concentración real de cenizas existente en el
aire en este caso, ni sobre el nivel de cenizas que puede resultar peligroso
para un aparato, según reconoció el director general de Transportes de la
Comisión Europea, Matthias Ruete.
El
cierre de un espacio aéreo nacional fue provocando por imitación un efecto
dominó que condujo al bloqueo en tierra de gran parte de los aviones en Europa,
sin una evaluación seria y pragmática del nivel real de riesgo. En las
decisiones de algunos países, como Gran Bretaña o Alemania, donde se celebrarán
en mayo elecciones generales o regionales clave, primó además un cálculo
electoralista de extremar la precaución más allá de lo razonable.
Mientras
los gobiernos europeos seguían aplicando ciegamente unos protocolos teóricos
basados en unas simulaciones por ordenador, tuvieron que ser las compañías
aéreas quienes emprendieran vuelos de prueba para verificar el nivel real de
riesgo que planteaba la nube de cenizas. Esos vuelos demostraron que el peligro
era insignificante o inexistente.
En esos
40 vuelos realizados por KLM, Air France, Lufthansa, Austrian Airlines y Swiss
Air, entre otras, no se detectó prácticamente ningún rastro, ni impacto
significativo de la ceniza en los aviones. Los vuelos militares que captaron un
impacto de la ceniza en sus motores fue porque centraron su vuelo en el
interior de la nube, mientras que los vuelos civiles se limitaron a cruzarla.
Los
Veintisiete tardaron además cuatro días en celebrar un Consejo telefónico de
ministros de Transporte de la UE para analizar la situación y corregir el
exceso de celo en el que habían caído. Esa misma reunión debía de haberse
producido dos días antes como mínimo.
Como señalan
numerosos pilotos, se hubiera podido permitir con toda seguridad los vuelos por
encima y por debajo de la nube de cenizas desde el principio. Eso quedó
demostrado el pasado martes 20 de abril en Alemania, donde seguía cerrado el
espacio aéreo, pero se permitió el despegue y aterrizaje de 256 aviones en el
aeropuerto de Francfort en pilotaje a vista manual. Otros 223 vuelos en las
mismas condiciones en Munich sin que se produjera el más mínimo peligro.
El
ministro británico de Transportes, Andrew Adonis, reconoció en declaraciones a
la BBC hoy miércoles que el Gobierno había sido "demasiado cauto". El
aeropuerto londinense de Heathrow, que fue el primero en cerrar, ha sido
también el último en reabrir tras seis días de bloqueo total.
Ahora
habrá que ver si los gobiernos europeos han aprendido la lección de esta crisis
y si están dispuestos a aceptar una verdadera gestión europea del tráfico y el
especio aéreo. O si, por el contrario, seguirán primando los criterios
decimonónicos de preservación de la soberanía nacional a toda costa, como si
los demás estados miembros de la UE fueran unos potenciales enemigos militares en
el caduco tablero de los viejos equilibrios de poder que condujeron a la
Primera Guerra Mundial y al suicidio de Europa en 1914.