miércoles, 28 de abril de 2010 18:33
Eliseo Oliveras
La indecisión europea sale cara
La
lentitud, la indecisión y los mensajes políticos contradictorios de los líderes
europeos, ante todo de Alemania, sobre la crisis griega están costando muy
caros al conjunto de la zona euro y de la Unión Europea (UE) y a sus
ciudadanos: El valor del euro se ha debilitado en los mercados financieros, las
bolsas han sufrido importantes pérdidas y el coste de la refinanciación de la
deuda pública para la mayoría de países europeos se ha encarecido por el contagiado
de la crisis griega.
En
lugar de haber puesto en marcha con rapidez un plan coordinado para ayudar a
Grecia a refinanciar su deuda pública, Alemania ha retrasado esa medida por
motivos puramente electorales, dando pie a los especuladores y a sus aliados,
las agencias de calificación (rating), a que puedan sembrar el caos en los
mercados financieros.
El plan
de ayuda financiero previsto de préstamos a Grecia por valor 45.000 millones
-30.000 millones de la zona euro y 15.000 millones del Fondo Monetario
Internacional (FMI)-- sólo se activará
el próximo 10 de mayo, al día siguiente de las elecciones regionales en Renania
del Norte-Westfalia, un land clave en el que la coalición gubernamental
conservadora-liberal de la cancillera Ángela Merkel no tiene asegurada la
reelección.
Para no
perder un puñado de votos, Merkel ha retrasado contra toda lógica económica la
activación de ese plan, lo que está costando millones a los ciudadanos
europeos, por las pérdidas que están sufriendo en la bolsa (acciones y fondos
de pensiones) y por el sobrecoste que ha generado en la deuda pública de la
mayoría de países de la zona euro.
Ese
plan de ayuda a Grecia además no supondrá ningún coste para los demás estados
de la zona euro, sino que les reportará pingües ingresos, ya que Grecia les
pagará un tipo de interés 3 puntos porcentuales por encima del euribor, Es
decir, todos los países emitirán deuda para prestar el dinero a Grecia que les
costará mucho menos de lo que les pagará Atenas por el préstamo. El beneficio será
máximo para Alemania, que puede endeudarse a los tipos de interés más bajos.
La
ayuda tampoco debe concederse toda de golpe y la entrega de los sucesivos
tramos puede condicionarse perfectamente a la aplicación por parte de Atenas de
un plan riguroso y eficaz de ajuste presupuestario, que el descontrol acumulado
por diez años de desidia y falsificaciones de cuentas.
Si se
hubiera actuado con rapidez, antes de que los mercados financieros se
entregaran a una espiral de desenfreno especulativo, un plan de ayuda de 45.000
millones para cubrir las necesidades de financiación griegas por un año hubiera
sido suficiente.
Ahora,
los países de la zona euro y el FMI deberán planificar un plan de ayuda para
varios años, que requerirá como mínimo unos 120.000 millones de euros, ya que
Grecia tardará a poder volver a refinanciar su deuda a unos precios razonables
en los mercados después de que Standard & Poors situara su valoración al
nivel de los bonos basura.
Alemania,
cada vez más centrada en sus problemas internos e intereses nacionales, ha
dejado de ejercer el liderazgo europeo responsable que le corresponde por su
tamaño económico y demográfico, mientras que los líderes de los otros grandes
países carecen de la talla, la visión y el peso necesarios para suplir ese
vacío y reenganchar a Berlín con la UE.
La crisis griega también ha mostrado, una vez más, la absoluta falta de coraje y liderazgo político del presidente de la Comisión Europea; el conservador portugués José Manuel Durao Barroso, que no se atreve a dar ningún paso sin contar con la autorización previa de Berlín o París y que actúa a remolque de los acontecimientos, aunque luego pretenda que ha sido él quien lo ha dirigido todo. Mucho más valor y capacidad de liderazgo ha demostrado durante esta crisis el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, a pesar de su austeridad y frialdad nórdica.
Además,
los partidos de la oposición en algunos países, como España, sólo contribuyen a
agravar la situación con una política incendiaria, con la esperanza de que les
conduzca al Gobierno en las próximas elecciones y poco les importa que sea al
precio de perjudicar a la economía nacional, dañar la creación de empleo y
retrasar la salida de la crisis.