Si alguien certificara que una casa es una mansión de lujo levantada sobre un jardín paradisíaco y luego el comprador constatará que se trata de una casa de papel levantada sobre un estercolero, esa empresa sería llevada ante los tribunales por fraude.

Esto mismo es lo que hicieron las agencias norteamericanas de calificación (rating) Moody's y Standard and Poors, que certificaron con las máximas calificaciones unos productos financieros complejos en el 2007 que en realidad eran basura, a pesar de que sabían que era basura. Pero a diferencia de cualquier otro defraudador, sus falsedades siguen impunes.

Ni los bancos europeos que engañaron y que hubo que rescatar con miles de millones de euros de los contribuyentes, ni los ciudadanos europeos que perdieron sus ahorros con esos productos, ni los gobiernos europeos que acabaron pagando las facturas finales han presentado ninguna denuncia ante los tribunales por ese comportamiento fraudulento.

Esas mismas agencias de rating, después de ganar fortunas colocando los productos financieros basura de sus clientes, se dedican ahora a degradar de forma sistemática el valor de la deuda pública de los estados europeos con criterios muy poco claros para apuntalar los ataques de los grandes fondos especulativos contra la zona euro.

Si estuviera en vigor la nueva normativa europea sobre agencias de rating, es muy improbable que Moody's y Standard and Poors se hubieran atrevido a rebajar de ese modo la calificación de la deuda pública europea.

Esa normativa -de una suavidad extrema-- entrará en vigor en diciembre, pero mientras tanto los gobiernos de la zona euro siguen mostrando una parálisis incomprensible hacia quienes intentan destruirlos para poder ganar aún muchos más millones y ayudar a sus clientes habituales a ganar sumas todavía más colosales especulando contra la zona euro. Esa pasividad frente a las agencias de rating costará una fortuna a los estados de la zona euro y a sus ciudadanos, que debería haberse destinado a potenciar el crecimiento económico y la creación de empleo.