La
Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar define en su artículo
101 como piratería "todo acto ilegal de violencia o detención" dirigido "contra
un buque en la alta mar o contra las personas o los bienes a bordo" o "contra
un buque, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la
jurisdicción de ningún Estado".
El
asalto militar israelí contra la flotilla de ayuda humanitaria destinada a Gaza
podría considerarse en la práctica como
el equivalente a un acto de piratería, aunque no pueda aplicarse legalmente esa
tipificación delictiva, ya que la citada Convención sobre el Derecho del Mar
reserva esa calificación a los ataques perpetrados por naves privadas, no por
los las fuerzas aeronavales de un estado.
Israel
puede permitirse la impunidad de asaltar en aguas internacionales una flotilla
humanitaria y causar la muerte de más de una decena de civiles por la tímida
reacción que se produce en la comunidad internacional en general y en la Unión
Europea (UE) en particular tras cada una de sus tristes hazañas.
Por
ejemplo, hoy durante la reunión extraordinaria de los embajadores de los
Veintisiete para estudiar la respuesta común de la UE a ese ataque fueron
necesarias varias horas de debate porque Holanda se resistía a que se pidiera
una investigación "imparcial" del ataque y porque la República Checa intentó infructuosamente que
se calificara a la flotilla humanitaria de "provocadora". Al final, la UE
condenó "el uso de la violencia", no el ataque de Israel a unos buques
humanitarios en aguas internacionales.
La
propia ministra europea de Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, durante una
conferencia de prensa explicó que había hablado con el ministro israelí de
Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, para expresarle su "profunda
preocupación" por lo que había ocurrido, pero en ningún caso indicó que hubiera
"condenado" el ataque.
Una vez
más, tuvo que ser el Parlamento Europeo quien reflejara de inmediato la
posición de los ciudadanos y condenara
con toda firmeza el "ataque injustificado" israelí contra la flotilla
humanitaria "en una clara e inaceptable violación del derecho internacional" a
través de su presidente, Jerzy Buzek.
¿Cuál
habría sido la reacción internacional si el asaltante de la flotilla hubiera
sido Turquía, Rusia o Cuba, en lugar de Israel? ¿Hubiera sido la reacción de la
UE y Ashton tan tímida o, por el contrario, habría sido mucho más dura? ¿Habría
quedado todo en palabras o se habría adoptado algún tipo de sanción política o
económica?
Israel
colocó micrófonos para espiar las deliberaciones nacionales de varios países en
el Consejo de la UE que tardaron años en descubrirse, según fuentes diplomáticas, y falsificó recientemente pasaportes
europeos para que sus agentes secretos pudieran asesinar a un dirigente palestino
el 19 de enero del 2010 en Dubai, comprometiendo la seguridad futura de los
ciudadanos europeos en países árabes, sin que en ninguno de los dos casos hubiera una reacción contundente de la UE.
Israel atacó y bombardeó a la población
civil de la mitad sur de Líbano en julio y agosto del 2006 causando más de
1.100 víctimas mortales, según los datos del Gobierno libanés, por el secuestro
de dos de sus soldados. Durante el invierno del 2008-2009, Israel también atacó
militarmente la banda de Gaza, causando más de 1.400 muertos palestinos, en su
mayoría civiles (más de 400 fueron mujeres y niños), utilizando armamento
prohibido y destruyendo incluso las propias instalaciones de la ONU. Ahora, ha asaltado una flotilla de ayuda humanitaria en aguas internacionales.
Ante
cada violación del derecho internacional por parte de Israel, la UE resta
petrificada, paralizada por el temor a ser tachada de antisemita -habitual
calificativo del Gobierno israelí ante cualquier crítica a su gestión- y por el peso de la
perenne culpabilización por el Holocausto Judío desencadenado por el régimen
nazi.
Pero la
Alemania nazi desapareció bajo los escombros de la Segunda Guerra Mundial hace
ya más de 65 años y la política europea actual no puede seguir prisionera de la
barbarie cometida por unos dirigentes derrotados, condenados y desaparecidos
hace tanto tiempo.
La
actual generación de ciudadanos y políticos europeos no tiene nada que ver con
ese pasado siniestro. ¿Con qué autoridad moral y ética puede la UE presionar a
otros países y defender los derechos humanos si se arruga cada vez frente a
Israel?
A nadie
le debe extrañar que ante estas circunstancias, Israel se comporte como si
dispusiera de una inquebrantable patente de corso para todo.