sábado, 11 de septiembre de 2010 16:07
Eliseo Oliveras
Barroso, el antilíder europeo
El
presidente de la Comisión Europea, el conservador José Manuel Durao Barroso, ha
demostrado esta semana ante el pleno del Parlamento Europeo que constituye uno
de los ejemplos más depurados de antilíder europeo, en las antípodas de lo que
necesita la Unión Europea (UE) en estos momentos cruciales y decisivos.
El
primer discurso y debate sobre el estado de la UE el pasado 7 de septiembre en
la Eurocámara sirvió para demostrar a quien aún tuviera alguna duda la falta de
liderazgo, visión estratégica y coraje político de Barroso.
En un
discurso plúmbeo sin fin, los eurodiputados no encontraron la reflexión que
esperaban sobre la situación real de la UE, sobre las lecciones que había que
extraer de los errores recientes y la visión de los que debería ser Europa a
medio y largo plazo.
Por el
contrario, los eurodiputados fueron adormecidos por una descripción
triunfalista de la situación europea y la tediosa enumeración de las tareas
emprendidas por el Ejecutivo comunitario por encargo de los Veintisiete y el
esbozo del programa de trabajo para el 2011.
Más
allá de las generalidades habituales sobre lo que debe hacer la UE, el discurso
de Barroso no aportó nada e incluso tuvo que recuperar antiguas propuestas de Jacques
Delors para llenar el vacío, como no dejaron de resaltar los diferentes grupos
parlamentarios salvo el grupo popular, al que pertenece Barroso.
"No ha
dicho gran cosa sobre el estado real de la UE", señor Barroso. "Su análisis es
insuficiente. El estado de la UE no es bueno y me habría gustado oír de su boca
porque no es bueno", le recriminó el líder del grupo socialista, Martin Schulz.
"La UE va mal porque la Comisión Europea no desempeña el papel que le
corresponde", añadió Schulz.
"El
estado de la UE es alarmante", señaló, por su parte, el líder de los liberales,
Guy Verhofstadt, quien recordó que los Veintisiete y las instituciones europeas
mostraron una falta de determinación y una costosa lentitud ante la recesión y
la crisis financiera. "La Comisión Europea necesita una nueva visión y debe
proponer nuevas respuestas", insistió el dirigente liberal y ex primer ministro
belga.
"Ésta
es la Comisión Europea de las grandes declaraciones generales, pero que cuando
se trata de actuar brilla por su ausencia", criticó el líder de los Verdes,
Daniel Cohn-Bendit. El dirigente ecologista recordó que el Ejecutivo
comunitario sabía desde hacia años que Grecia trapicheaba sus cuentas públicas,
pero que prefirió no hacer nada hasta que estalló la crisis, con lo que el
coste es ahora muchísimo mayor para todos.
Incluso
los conservadores euroescépticos subrayaron que Barroso no había hecho ningún
análisis serio de la situación actual de la UE y destacaron, como habían hecho
ya los liberales, que no era de extrañar que los ciudadanos se hubieran alejado
del proyecto y las instituciones europeas.
En este
periodo agitado de crisis y globalización, durante el cual se determinarán que
las zonas del mundo lograrán mejorar la seguridad y el bienestar de sus
ciudadanos y cuales se condenarán a sí mismas a un declive y empobrecimiento,
ha quedado claro que el timón de la Comisión Europea no está en las manos
adecuadas. No por culpa de los ciudadanos europeos, que no pudieron votar a
Barroso, que ya se había distinguido como decepcionante primer ministro
portugués, sino por culpa de la decisión poco reflexionada de los líderes de
los 27 países de la UE, incluida España.