El presidente de la Comisión Europea, el conservador José Manuel Durao Barroso, ha demostrado esta semana ante el pleno del Parlamento Europeo que constituye uno de los ejemplos más depurados de antilíder europeo, en las antípodas de lo que necesita la Unión Europea (UE) en estos momentos cruciales y decisivos.

El primer discurso y debate sobre el estado de la UE el pasado 7 de septiembre en la Eurocámara sirvió para demostrar a quien aún tuviera alguna duda la falta de liderazgo, visión estratégica y coraje político de Barroso.

En un discurso plúmbeo sin fin, los eurodiputados no encontraron la reflexión que esperaban sobre la situación real de la UE, sobre las lecciones que había que extraer de los errores recientes y la visión de los que debería ser Europa a medio y largo plazo.

Por el contrario, los eurodiputados fueron adormecidos por una descripción triunfalista de la situación europea y la tediosa enumeración de las tareas emprendidas por el Ejecutivo comunitario por encargo de los Veintisiete y el esbozo del programa de trabajo para el 2011.

Más allá de las generalidades habituales sobre lo que debe hacer la UE, el discurso de Barroso no aportó nada e incluso tuvo que recuperar antiguas propuestas de Jacques Delors para llenar el vacío, como no dejaron de resaltar los diferentes grupos parlamentarios salvo el grupo popular, al que pertenece Barroso.

"No ha dicho gran cosa sobre el estado real de la UE", señor Barroso. "Su análisis es insuficiente. El estado de la UE no es bueno y me habría gustado oír de su boca porque no es bueno", le recriminó el líder del grupo socialista, Martin Schulz. "La UE va mal porque la Comisión Europea no desempeña el papel que le corresponde", añadió Schulz.

"El estado de la UE es alarmante", señaló, por su parte, el líder de los liberales, Guy Verhofstadt, quien recordó que los Veintisiete y las instituciones europeas mostraron una falta de determinación y una costosa lentitud ante la recesión y la crisis financiera. "La Comisión Europea necesita una nueva visión y debe proponer nuevas respuestas", insistió el dirigente liberal y ex primer ministro belga.

"Ésta es la Comisión Europea de las grandes declaraciones generales, pero que cuando se trata de actuar brilla por su ausencia", criticó el líder de los Verdes, Daniel Cohn-Bendit. El dirigente ecologista recordó que el Ejecutivo comunitario sabía desde hacia años que Grecia trapicheaba sus cuentas públicas, pero que prefirió no hacer nada hasta que estalló la crisis, con lo que el coste es ahora muchísimo mayor para todos.

Incluso los conservadores euroescépticos subrayaron que Barroso no había hecho ningún análisis serio de la situación actual de la UE y destacaron, como habían hecho ya los liberales, que no era de extrañar que los ciudadanos se hubieran alejado del proyecto y las instituciones europeas.

En este periodo agitado de crisis y globalización, durante el cual se determinarán que las zonas del mundo lograrán mejorar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos y cuales se condenarán a sí mismas a un declive y empobrecimiento, ha quedado claro que el timón de la Comisión Europea no está en las manos adecuadas. No por culpa de los ciudadanos europeos, que no pudieron votar a Barroso, que ya se había distinguido como decepcionante primer ministro portugués, sino por culpa de la decisión poco reflexionada de los líderes de los 27 países de la UE, incluida España.