De
acusado a acusador. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, logró infringir en
la cumbre europea del 16 de septiembre una severa derrota política a la
Comisión Europea. No sólo ningún líder de la Unión Europea (UE) cuestionó su
política de desmantelamiento de los campamentos ilegales y de expulsión de los
gitanos rumanos y búlgaros, sino que el resto de dirigentes de los Veintisiete
le respaldaron frente a los demagógicos comentarios de la comisaria de Justicia
y vicepresidenta del Ejecutivo comunitario, Viviane Reding.
La
Comisión Europea ha caído en esta ocasión víctima de su estrategia de la
búsqueda del éxito mediático fácil, sin medir el alcance de las expresiones
utilizadas por Reding en su teatral conferencia de prensa del 14 de septiembre,
ni la ofensiva pública emprendida por la
comisaria contra las expulsiones en agosto antes de disponer de sólidas pruebas de que se
estaba produciendo una aplicación discriminatoria de la directiva de libre
circulación de ciudadanos dentro de la UE.
El presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso,
esperaba contar en el Consejo Europeo con el respaldo de al menos la mitad de
los líderes de los Veintisiete y al final se encontró solo, enzarzado en un
virulento enfrentamiento verbal con Sarkozy del que salió derrotado.
Los líderes reafirmaron el derecho y la obligación de la Comisión Europea
de hacer respetar el derecho comunitario y el Tratado de la UE, pero subrayaron
el derecho y la obligación del Gobierno francés de hacer respetar la ley en su
territorio y de proteger a sus ciudadanos.
En un momento en que
aumenta el malestar ciudadano por los problemas de inseguridad pública que
genera el elevado número de inmigrantes irregulares sin medios de subsistencia en
el territorio europeo, los líderes prefirieron no criticar la actuación
francesa. Sarkozy destacó que "a fuerza de cerrar los ojos ante estos problemas,
como los campamentos ilegales, es como se consigue que los ciudadanos se alejen
de las instituciones".
Comparar las repatriaciones de gitanos rumanos y búlgaros con las
deportaciones masivas nazis de la Segunda Guerra Mundial, como hizo Reading,
fue un error garrafal, no solo de ella, si no de todo su equipo y del conjunto
de la Comisión Europea, ya que todos los discursos son sometidos antes de
pronunciarse a un sin fin de controles.
Entre los líderes europeos sorprendió que la Comisión Europea hubiera
lanzando una andanada de tan gran calibre político, como el anuncio anticipado
de la apertura de un expediente de infracción contra Francia por violación de
un principio fundamental de la UE, antes de tener concluidos los informes que
demuestran esa infracción y sin que, al parecer, se hubiera desplazado a
Francia ningún equipo de expertos de la Comisión Europea para verificar in situ
esas violaciones del derecho y el tratado europeo.
La propia Reding
rebajó de forma notable hoy el tono y condicionó ahora la apertura del
expediente de infracción contra Francia por violación del derecho europeo a que
"se confirmara la sospecha" de que se había producido un "trato
discriminatorio" contra los gitanos rumanos y búlgaros. Una actitud muy
alejada de su teatral "ya basta" del pasado martes, cuando afirmó que
"la paciencia se le estaba agotando" y dio por descontado la apertura
del expediente por parte de la Comisión Europea.
Una de las primeras
consecuencias negativas de este desaguisado es la penosa imagen internacional
que ha dado la UE, divida y debilitada, en un momento en que es crucial que
demuestre su unidad, cohesión interna, determinación y fortaleza.
La discusión que
debía realizar precisamente los líderes de los Veintisiete sobre cómo reforzar
el papel y el poder internacional de la UE, en especial en los grandes
organismos como la Organización de Naciones Unidas (ONU) o el Fondo Monetario
Internacional (FMI), quedó ahogado por el contencioso sobre los gitanos.
Esta crisis política
muestra de nuevo que la integración en la UE de Bulgaria y Rumania en el 2007
fue precipitada y mal gestionada, ya que ambos países no estaban suficientemente
preparados para ello, como revelaban los informes del propio Ejecutivo
comunitario. Pero nadie tuvo el coraje político de admitirlo.