martes, 26 de octubre de 2010 16:03
Eliseo Oliveras
Bélgica condena sin pruebas
Bélgica
no sólo se está descomponiendo, sino que parece haber retrocedido al
oscurantismo medieval en materia judicial al condenar por asesinato a una
persona a 30 años de cárcel sin la más mínima prueba material de inculpación.
El
jurado popular del Tribunal Penal de Limbourg (Flandes) consideró que las
elucubraciones, hipótesis y suposiciones presentadas por la policía, la
fiscalía y la acusación particular eran suficientes para considerar culpable de
asesinato a Els Clottemans, una joven institutriz de 26 años, a la que se
acusaba de haber saboteado mortalmente el paracaídas de su amiga y rival
sentimental Els Van Doren.
A nadie
pareció importarle que no hubiera la más mínima prueba material, testigo, ni
confesión, que sustentara ese guión de novela policial. Sin inmutarse por esa
minucia de la ausencia de pruebas inculpatorias, el Tribunal de Limbourg condenó
el pasado 21 de octubre a 30 años de prisión a Els Clottemans.
El
jurado, hábilmente manipulado por la fiscalía y la acusación particular, consideró
que Els Cottemans saboteó en algún momento entre el 5 de noviembre y el 18 de
noviembre el paracaídas de su amiga, con la que compartía amante, a pesar de que hubo otras personas que
durante esos 13 días pudieron tener acceso al paracaídas.
El
amante de Els Van Doren y Els Clottemans, el monitor de paracaidismo Marcel
Somers, y el marido traicionado durante años por la víctima, Jan De Wilde,
también ex paracaidista, fueron descartados casi automáticamente como
sospechosos por la policía, que se concentró en Els Clottemans, sin buscar
ninguna otra pista.
"No
tenemos ninguna prueba material, es un hecho", reconoció en el alegato final el
fiscal de caso, Patrick Boyen, para luego confundir al jurado con un falso sofisma
manipulador: "¿Deberíamos liberar a los ladrones por el simple hecho de no
haber encontrado el destornillador que utilizaron? ¿Deberíamos liberar a los
violadores porque no hemos encontrado el preservativo con su ADN?".
El abogado
de la acusación particular (y del marido traicionado), Jef Vermassen, también
insistió en que "no está indicado en ninguna parte en las leyes que son
necesarias las pruebas materiales" para emitir una condena.
Ante la
falta de pruebas contra la acusada, tanto la fiscalía como la acusación particular
insistieron una y otra vez que Els Clottemans demostrara su inocencia, cuando
en la justicia democrática es la culpabilidad la que debe demostrarse y no la
inocencia.
Els Clottemas, una persona frágil emocionalmente y sin conexiones
influyentes, constituía la candidata ideal para una mascarada de justicia que
tranquilizara a la opinión pública.
Resulta
preocupante que, salvo un puñado de ciudadanos, en Bélgica a nadie parezca
importarle en lo más mínimo que se puedan emitir condenas judiciales sin pruebas, ni a los partidos,
ni a las instituciones, ni a la magistratura.
Una vez
más, seguramente le corresponderá al Tribunal de Derechos Humanos del Consejo
de Europea en Estrasburgo (Francia) corregir este despropósito judicial, con un
nuevo varapalo a la Administración judicial y policial belga, como ya viene
siendo habitual.