lunes, 13 de diciembre de 2010 16:53
Eliseo Oliveras
Bélgica, seis meses sin Gobierno
Bélgica
lleva ya seis meses sin Gobierno federal después de las elecciones del 13 de
junio de 2010 y no parece que los partidos políticos flamencos y francófonos
sean capaces de formar una coalición gubernamental en un futuro próximo, a
pesar del riesgo de que esa permanente incertidumbre política pueda
desencadenar la pérdida de confianza de los mercados financieros en un país
cuya deuda pública equivale a la totalidad del producto interior bruto (PIB)
anual del país.
La
reforma del Estado y, sobre todo, la modificación del sistema de financiación
de las regiones del país enfrentan a flamencos y francófonos en una pugna de
difícil solución. Flandes, la región más rica, poblada y dinámica del
país, reclama una sustancial ampliación de los poderes regionales que
transformaría en actual Estado federal belga en casi un Estado confederal.
Flandes
exige que la reforma vaya acompañada de un cambio radical en la financiación de
las regiones para reducir su actual transferencia masiva de fondos hacia la
comunidad francófona de Walonia y Bruselas, en una situación endémica de
desempleo muy elevado e insuficiente desarrollo económico.
Los
partidos francófonos, liderados por los socialistas, consideran inaceptables
las sucesivas propuestas formuladas por los partidos flamencos en la mesa de
negociaciones, porque implicarían un drástico recorte de los fondos públicos
disponibles para Walonia y Bruselas y exigirían una drástica reducción de las
subvenciones familiares, del seguro de paro y de la asistencia sanitaria. La
última oferta encima de la mesa recortaría en unos 650 millones de euros los
fondos públicos de Walonia, según las estimaciones francófonas.
La
Nueva Alianza Flamenca (NVA), el principal partido de Flandes y Bélgica que tiene
como objetivo final que Flandes sea independiente, responsabiliza del bloqueo a
los partidos francófonos por rechazar "las reformas sensatas que son
imprescindibles en Bélgica" y por negarse a una inaplazable reducción del gasto
público. Los democristianos flamencos (CDV), segunda fuerza política en
Flandes, se alinean con la NVA y consideran inviable un acuerdo que margine al
gran vencedor de las elecciones de junio.
El líder de la NVA,
Bart de Wever, en una entrevista en la revista alemana Der Spiegel acaba de
definir a "Bélgica como el enfermode Europa" y compara a los
francófonos con drogadíctos por su dependencia de las "trasfusiones
financieras". Estas declaraciones incendiarias han desatado la ola habitual
de condenas francófonas y han enrarecido aún más el clima político del país.
Ante
actual falta de perspectivas de encontrar una salida a la profunda crisis
política belga, algunos políticos históricos francófonos, como Jules Gheude,
advierten que debe asumirse la realidad de que "Bélgica no tiene futuro" y que
los actuales líderes francófonos se autoengañan al pretender que el bloqueo es
fruto de la intransigencia de la NVA y no comprender que Flandes camina hacia
su autoafirmación como estado propio.
Estos
mismos políticos francófonos históricos consideran también que es inviable
económicamente el famoso "Plan B" de los actuales líderes para crear una
federación Walonia-Bruselas en caso de fractura definitiva de Bélgica y que la
única solución para la comunidad francófona sería su integración en Francia.