Sacos de arroz, en la India. Aparecen los primeros estudios y análisis dedicados a explicar la actual crisis alimentaria. La literatura también ha dado grandes páginas sobre las hambrunas históricas.

El hambre, ese terrible jinete del Apocalipsis, cabalga de nuevo, como bien recordaba en estas páginas Luis de Sebastián. La escasez y el aumento de precios de alimentos han provocado protestas en países como México, Egipto o la India y disturbios en Haití.


La crisis alimentaria tiene muchos padres: el aumento de la población y en consecuencia, el aumento de la demanda de alimentos; los altos niveles de consumo en los países ricos, el aumento de las clases medias en países como China o la India y su acceso a una dieta más rica; la escasez de tierras de cultivo, los postulados neoliberales que han anulado la agricultura de subsistencia en el sur, bloqueando al mismo tiempo sus exportaciones, y las consecuencias de otra crisis, la energética, que hace aumentar el precio de los productos agrícolas y deriva el cultivo de cereales hacia la producción de biocombustible.

Jeffrey Sachs, una de las voces más estimulantes en su campo, acaba de publicar Economía para un planeta abarrotado (Debate), donde analiza las transformaciones radicales que ha experimentado el mundo en las últimas décadas, sus consecuencias y lo que puede deparar el futuro. Pese a la amplitud del enunciado, es un instrumento más que adecuado para entender la crisis alimentaria en su contexto.

 "La humanidad produce actualmente más alimentos que en toda su historia y, sin embargo, una cifra superior al 10% de la población padece hambre. El hambre de esos 800 millones de personas ocurre al mismo tiempo que otro récord histórico: mil millones de seres humanos sufren hoy sobrepeso". En Obesos y famélicos (Los Libros del Lince), Raj Patel parte de esta paradoja para desmenuzar todos los elementos que configuran el ciclo de la alimentación. En su recorrido, examina las fuerzas que destruyen las comunidades rurales y el aumento de suicidios de agricultores; los tratados de comercio y la ayuda humanitaria; los grandes beneficios de las grandes corporaciones agroalimentarias y la imposición de cultivos como la soja. Patel acaba su recorrido con lo que nos venden en el supermercado.

En Alimentos modificados genéticamente (Intermón Oxfam), Andy Rees asegura que son "una pesadilla", porque las plagas y las malas hierbas ya se han vuelto resistentes a los gentes químicos que incorporan dichos cultivos.

Una humilde propuesta que tiene por objeto evitar que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres o para el país, y hacer que redunden en beneficio de la comunidad (Alianza) es el título completo del panfleto que el gran satírico irlandés Jonathan Swift (1667-1745) escribió contra los abusos de Inglaterra, a la que la misérrima Irlanda estaba sometida. Utilizando el humor negro, proponía guisar y comer a los niños. Así, las madres no tendrían que mendigar con toda su prole, los ricos tendrían buena comida y, de paso, como los pobres católicos eran "los más prolíficos", amén de ser enemigos de Inglaterra, se solucionarían varios problemas a la vez.

Grandes hambrunas

Irlanda siempre había pasado hambre, pero Swift no llegó a ver la gran hambruna de mediados del siglo XIX. Desde su introducción a finales del siglo XVI, la patata fue casi el único alimento de los irlandeses. En 1845, un hongo infectó aquella cosecha y la siguiente. Fue una catástrofe. Cuatro millones de personas, de un total de nueve, emigró.

El escritor Joseph O''Connor sitúa en 1874 la salida de un barco cargado de emigrantes hacia EEUU en su novela El crimen del Estrella de Mar (Seix Barral). También parte de las consecuencias de aquella gran hambruna la novela de Frank McCourt Las cenizas de Ángela (Maeva).

Otra hambruna fue el resultado de la política económica soviética tras la Revolución rusa. Sus efectos deshuminazados y deshumanizadores se reflejan de forma tremenda en la novela El sol de los muertos (El olivo azul), de Iván Shmeliov.

El marroquí Muhammad Chukri en su novela autobiográfica El pan desnudo (Debate), lamentablemente agotada, huye de un hambre más individual, así como de la violencia paterna. Y un hambre físico, pero también metafísico, es el que describe el noruego Knut Hamsun en Hambre (Ediciones de la Torre).