miércoles, 10 de diciembre de 2008 13:06
Rosa Massagué
Aniversario poco feliz
Hoy hace 60 años, el 10 de diciembre de 1948, en un mundo que todavía intentaba digerir las atrocidades perpetradas antes y durante la segunda guerra mundial, la ONU adoptaba la Declaración Universal de Derechos Humanos, la carta de derechos más importante de la historia. A lo largo de estas décadas y al amparo y como prolongación o ampliación de dicho documento han nacido varias convenciones internacionales específicas. Sin embargo, un somero repaso a la prensa del día de este aniversario, demuestra que su respeto es más que escaso.
Guantánamo, por ejemplo. Una de las mayores vergüenzas del siglo XXI sigue ahí y, por lo visto, el anuncio hecho por el presidente electo Barak Obama de cerrar aquel centro fuera de toda norma legal tendrá dificultades jurídicas precisamente por la forma alegal como se abrió. En Zimbabue, a todas las penalidades -y son muchísimas-a las que el sátrapa Robert Mugabe ha sometido a la población, se suma ahora una epidemia de cólera que ha causado ya varios centenares de muertes que fácilmente pueden convertirse en miles.
Países emergentes y multinacionales están comprando grandes extensiones de terreno a naciones pobres y hambrientas para asegurarse reservas de alimentos, en una política que la FAO ha calificado netamente de neocolonialismo. Las secuelas del terrorismo, ya sea de matriz islamista o etarra siguen ocupando espacio en la prensa de hoy, lo mismo que el tráfico de mujeres o Kyoto y la contaminación.
Pero no hace falta salir de nuestras fronteras para tener una medida del escaso respeto a aquella declaración histórica. Los Mossos d'Esquadra vuelven a sentarse en le banquillo de los acusados por otro caso de tortura y el Gobierno anuncia la puesta en marcha de un plan para la protección de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo que incluye el uso de cámaras en dependencias policiales, aunque no contempla la erradicación de la incomunicación de los detenidos sospechosos de terrorismo.
También en España, crece el rechazo escolar hacia las personas con VIH, y la violencia machista se habrá cobrado 60 víctimas mortales a final de año. Mientras en Barcelona crece el número de las personas sin techo, varios miles de subsaharianos deambulan por algunos pueblos de Andalucía en busca de un trabajo que la crisis ha hecho más que escaso.
Este superficial repaso a la prensa del día no invita precisamente al optimismo, y menos aún cuando el mundo está en una situación de crisis que hará más vulnerables a los frágiles. Sin embargo, echando la vista, atrás el balance, pese a ser negativo, lo es menos si se compara con un tiempo en el que no existía ningún instrumento de defensa de los derechos humanos. Stéphane Hessel (1917), uno de los autores de aquella declaración y que por tanto conoce el mundo antes y después de 1948, decía hace dos años a esta periodista: "Soy muy anciano y he visto cambios que me hacen pensar que el mundo evoluciona y el bien progresa".
Con su optimismo histórico, este anciano que ahora cuenta 91 años y sigue en la brecha, alentaba a no rendirse en esta guerra desigual contra tantos y tantos violadores de los derechos humanos. Y aún pedía más instrumentos. Como la creación de un consejo de seguridad económico y social con autoridad mundial para exigir el respeto de dichos derechos en el comercio y las finanzas. Con la crisis financiera generalizada, aquella petición se hace urgente.