domingo, 04 de enero de 2009 11:25
Rosa Massagué
Bush y el 'golpe' de Hamás
Horas antes de que Israel lanzara su invasión terrestre de Gaza, el presidente norteamericano George W. Bush, en su mensaje radiofónico semanal que difunde los sábados, responsabilizaba a Hamás de la ofensiva iniciada por el Gobierno de Tel Aviv hace más de una semana contra este territorio palestino en la que han muerto más de 400 personas. Para reforzar su condena, Bush tergiversaba la realidad haciendo uso de una argumentación falsa que de tanto repetirse está siendo tomada por una certeza. "Hace 18 meses -dijo el presidente-- Hamás asumió el control de la franja de Gaza en un golpe". Lo del golpe no responde a la verdad.
Hamás concurrió a las elecciones legislativas de enero del 2006 con el partido Cambio y Reforma, creado para la ocasión. Tras un proceso electoral en el que los observadores internacionales no detectaron fallos, esta organización se alzó con la victoria al obtener el 65% de los votos y 74 de los 132 escaños del Consejo Legislativo palestino. Al Fatah, el grupo que había sido creado por Yasir Arafat y que había optado por la moderación convirtiéndose en la principal fuerza política de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) cuando fue creada en 1996, consiguió 45 escaños.
Lo que siguió a aquellos resultados fue un conflicto entre ganadores y perdedores al que Israel y EEUU contribuyeron alentando al oficialismo palestino a no permitir la plasmación de los resultados electorales en un Gobierno de Hamás. En particular, la pugna por el control de los servicios de seguridad se tradujo en enfrentamientos armados entre las dos facciones palestinas hasta que en junio del 2007, el presidente y hombre de Al Fatah, Abu Mazen, disolvió un gobierno de unidad nacional que había sido creado a duras penas.
Fue entonces cuando Hamás se hizo con el control de la franja de Gaza. Esto ocurría mientras Israel ya había puesto en marcha la estrategia de aislamiento de Gaza y EEUU y la UE se habían sumado al bloqueo destruyendo lo poquísimo que quedaba de capacidad económica de aquel pedazo de terreno, convirtiendo al millón y medio de sus habitantes en unos parias necesitados de una ayuda humanitaria que ni siquiera conseguía cruzar una frontera cerrada a cal y canto.
En ningún caso fue como el presidente Bush y la retórica israelí presentan esta llegada al poder. Los islamistas de Hamás no dieron un golpe contra un Gobierno legítimo. Fue esta organización la que había sido elegida mayoritariamente en un proceso democrático que quizá no fuera tan perfecto como se dijo en su momento, pero que sin duda estaba a años luz de los procesos democráticos de los países árabes de la región.
Ciertamente, el Movimiento de Resistencia Islámico, que es su nombre completo, es un grupo integrista que aboga por el uso de la violencia contra Israel, Estado al que no reconoce. Su programa, recogido en la llamada Carta de Hamás de 1988, deja bien claros la razón de ser y los objetivos de la organización: "Alá es su meta. El Profeta es su guía. El Corán es su Constitución. La yihad es su metodología y la muerte al servicio de Alá es su más codiciado anhelo". Su antisionismo delirante le lleva a poner al capital judío detrás de todo, ya sea la Revolución Francesa, la masonería o los clubs de Rotarios, y el papel que prescribe para la mujer atenta a su dignidad.
Pese a su ideario condenable desde nuestros valores occidentales, Hamás es una realidad con la que tarde o temprano habrá que negociar. Confiar, como pretenden algunos, que una acción militar masiva como la que está llevando a cabo Israel en Gaza conseguirá alzar a la gente contra Hamás entra en el terreno de la fantasía. Una población humillada hasta lo indecible durante décadas difícilmente se volverá contra los suyos, los únicos que plantan cara al agresor y que los defienden, no solo militarmente, sino con una amplia y efectiva red asistencial.
Tergiversar la realidad como hace Bush para apoyar una ofensiva desmesurada y desproporcionada de Israel no hace más que alejar una cada vez más quimérica paz entre palestinos e israelís. La manipulación de la verdad es además una mala base para el día en que haya que empezar a hablar.