lunes, 05 de enero de 2009 15:19
Rosa Massagué
Los límites del sufrimiento
¿Cuáles son los límites del sufrimiento humano? ¿Hay pueblos merecedores de más sufrimiento que otros? ¿Existe un baremo para medirlo? Son preguntas que no deberían ni plantearse, pero hay quien tiene las respuestas. "Los palestinos deben sufrir mucho más hasta que sepan que no obtendrán nada mediante el terrorismo". Lo dijo el entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon, ante el Parlamento, la Kneset, en marzo del 2002, como recuerda hoy en un artículo el diplomático y eurodiputado Emilio Menéndez del Valle.
Sharon, en estado vegetativo desde enero del 2006, fue un halcón a lo largo de toda su vida activa. Militar de carrera, nunca se arrugó ante nada. Bajo su mandato como Ministro de Defensa, tuvieron lugar las matanzas de los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Líbano, en las que más de 3.000 palestinos murieron. Sus palabras sobre el sufrimiento vengativo no deben sorprender.
En cambio, causan estupefacción las del escritor Abraham B. Yehoshúa, quien junto a David Grossman y Amos Oz, con su conciencia civil y laica, ejercen de contrapeso a una sociedad israelí radicalizada y belicosa. El autor de Una mujer en Jerusalén aseguraba en una entrevista: "La capacidad de sufrimiento de los palestinos es mucho mayor y eso les hace más fuertes. Por eso nuestra respuesta tiene que ser mucho mayor".
¿Qué hace que la capacidad de sufrimiento de los palestinos sea mayor? ¿El haber sido expulsados de sus casas, humillados, ocupados, encerrados detrás de muros y agredidos por Israel y mal gobernados por unos dirigentes propios que, o bien son corruptos e ineficaces, o anteponen la violencia a la negociación desde el integrismo islámico?
¿Qué mayores desgracias deben caer sobre la población de Gaza para que la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, deje de decir que en la franja "no hay crisis humanitaria" cuando ya la había antes de la desproporcionada ofensiva actual?
Cuesta entender esta voluntad de infligir sufrimiento a un pueblo en su totalidad cuando quien la proclama ha padecido expulsiones (de España, por ejemplo, en 1492), pogromos, ha tenido que vivir encerrado en guetos y ha sido víctima de la execrable barbarie nazi. Para el filósofo Emmanuel Levinas, el fin de la teodicea, de la teología fundada en la razón, que se impone ante "la prueba más desmesurada del siglo", es decir, el Holocausto, "¿no revela, al mismo tiempo y de una forma más general, el carácter injustificable del sufrimiento en el otro hombre, el escándalo en que consistiría que yo justificase el sufrimiento de mi prójimo?".
El filósofo francés de origen judío, nacido en Lituania bajo el imperio zarista, añade: "Para una sensibilidad ética -que se confirma en la inhumanidad de nuestro tiempo y contra ella-, la justificación del dolor del prójimo es ciertamente el origen de toda inmoralidad". (El sufrimiento inútil, en Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro. Pre-Textos, 1993).