De "corte de los milagros" se definía al séquito que en la España decimonónica acompañaba a una reina juerguista y populachera. Los principales personajes eran una monja con estigmas en las manos y un rancio confesor, y ambos gozaban de un extraordinario predicamento en el gobierno del Madrid isabelino. Los tiempos cambian, aunque menos de lo que se pudiera pensar, y hoy, en Italia, hay una versión postmoderna de aquella corte, solo que el lugar de los religiosos lo ocupan aspirantes a modelo, vedette o azafata de televisión, y el de la reina, un rey sin corona, más atento a sus intereses personales y empresariales que a la gobernación de un país, dispuesto siempre a cambiar o torcer el brazo de la ley en beneficio propio.

         A esta nueva corte le viene como anillo al dedo la expresión de un político de los años 80, Rino Formica, que calificaba a su propio partido, el Partido Socialista Italiano, cuando empezaba a dar tumbos que le llevarían al fondo del precipicio, de "una corte de enanos y bailarinas". Eran tiempos en que presidía aquel jolgorio político, Bettino Craxi, el gran valedor de Silvio Berlusconi. O sea, que lo de la farándula en la corte ya viene de atrás.

          El machismo y las groserías del primer ministro italiano no han conseguido pasarle factura política. Todo lo contrario. Ni siquiera el anuncio de que varias azafatas estarían en las listas de su partido, el Pueblo de la Libertad, para las elecciones europeas suscitó críticas. Sin embargo, desde que ha saltado a la atención pública la confusa, por poco aclarada, relación de Berlusconi con una joven aspirante a modelo que le llama "papi", iniciada cuando la chica era menor, el primer ministro empieza a moverse en terreno resbaladizo.

          Fue su todavía mujer quien planteó públicamente la relación de su marido con menores, algo que periodistas de guardia permanente ante la residencia romana del primer ministro en el palacio Grazioli ya habían detectado. Veronica Lario, al anunciar su divorcio de Berlusconi, aseguraba que su marido "no está bien", que necesita ayuda, pero también lanzaba este dardo: "Muchos padres son capaces de cerrar los ojos y entregar a sus vírgenes al dragón" a cambio del éxito y la fama televisiva.

         La primera manifestación de disgusto, aunque muy discreta, entre quienes le han apoyado, corresponde a la Iglesia católica, aliada y defensora del primer ministro en su campaña contra la muerte digna suscitada por el caso de Eluana Englaro, la mujer que vivió 17 años en estado vegetativo. Ahora, la jerarquía encuentra motivo de crítica en la política económica y la migratoria del Gobierno Berlusconi, y sin entrar abiertamente en la polémica desatada por la relación con la menor, el secretario de la Conferencia Episcopal Italiana, monseñor Mariano Crociata, ha recordado que nadie tiene "inmunidad moral".

         La derecha partidaria del presidente considera que el caso Noemi, que así se llama la muchacha, es una cuestión privada en la que no hay que entrar. Sin embargo, desde la izquierda la opinión es la de que no deben quedar dudas sobre la naturaleza de las relaciones entre un jefe de Gobierno y una menor, entre otros motivos, porque la actuación del adulto puede ser delictiva. "Por mucho menos, un presidente de EEUU ha tenido que rendir cuentas ante los ciudadanos", decía Rosy Bindi, del Partido Demócrata, recordando el caso Lewinsky.

         Desde que estalló el caso a principios de mes, las explicaciones del primer ministro han sido escasas y contradictorias hasta despertar la sospecha de haber mentido. En las cuatro semanas desde que se conoció la historia de Naomi y la petición de divorcio de su esposa, el premier no ha articulado una versión convincente de los hechos limitándose a hacer sus bromas chabacanas. Sin embargo, en los últimos días se ha puesto en el papel de víctima, víctima de un gran complot urdido por la izquierda, por la prensa internacional y, muy especialmente, por la magistratura, la que no controla, naturalmente.

         El recurso a la confabulación indica siempre falta de argumentos.