lunes, 15 de noviembre de 2010 18:07
Rosa Massagué
Suma cero en el Mediterráneo
Cuando en marzo pasado se inauguró con gran pompa y ondear de banderas la secretaría de la Unión por el Mediterráneo (UpM) en el Palacio de Pedralbes, se dijo que la prueba del algodón de aquel invento sería contar el número de Jefes de Estado y de Gobierno que asistieran a su segunda cumbre (la primera fue la inaugural y se reunió en Paris, en junio del 2008) a celebrar en Barcelona. La fecha del encuentro era el pasado 7 de junio, bajo la presidencia española de la Unión Europea. No hizo falta contar. El resultado se aproximaba tanto al cero que se aplazó hasta el próximo 21 de noviembre. A seis días de la cumbre, se ha suspendido indefinidamente. Seguimos en la suma cero.
El motivo principal del fracaso --de este, del anterior y del llamado Proceso de Barcelona que es el antecesor de la UpM--, no es otro que el conflicto de Oriente Medio, un conflicto que sigue levantando obstáculos al entendimiento entre los países del Mediterráneo, de una y otra orilla. En concreto es el bloqueo al proceso de las negociaciones directas entre israelís y palestinos el que ha originado la suspensión de la cumbre.
En vista de los antecedentes, lo ocurrido ahora no es ninguna sorpresa. Sin embargo, siendo totalmente cierto dicho obstáculo, detrás de él se agazapan otros motivos no confesados que hacen que muchos gobiernos del sur del Mediterráneo, más allá de las buenas palabras, no tengan ninguna prisa por hacer que la UpM se ponga verdaderamente en marcha.
El objetivo de la organización intergubernamental es la creación de un espacio de paz, desarrollo y prosperidad mediante unos programas de cooperación muy básica que puedan ser asumidos por todos los países miembros. Resumiendo, se trata de la necesaria modernización de la zona, pero implica un marco democrático para hacerse realidad. Y ahí es donde la mayor parte de los dirigentes de la ribera sur del Mediterráno, carentes de credenciales democráticas, prefieren que la UpM languidezca.
Los graves incidentes ocurridos estos días en el Sáhara Occidental son también un ejemplo de las dificultades existentes en la zona, y no solo en la ribera sur, que obstaculizan el desarrollo de la UpM, ya que dicho conflicto implica a Marruecos y a Argelia, pero también a España.
En vista de lo ocurrido y de las escasas perspectivas de que la UpM funcione de verdad, pasarán muchos días antes de que las banderas de los 44 países miembros del organismo intergubernamental vuelvan a ondear en el palacio de Pedralbes.