Otra silla vacía. Antes fue la de Liu Xiaobo en Oslo, la pasada semana, en la concesión del Premio Nobel de la Paz. Ahora ha sido la de Guillermo Coco Fariñas en Estrasburgo, en la sede del Parlamento Europeo, institución que ha querido honrar su continuada y arriesgada lucha a favor de la democracia en Cuba con el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia. A diferencia del chino Liu, el mahatma criollo, como llama a Fariñas el también periodista cubano Ricardo González, está en libertad. Sin embargo, la suya es una libertad amputada porque la parcela de este bien universal que el régimen castrista se digna concederle no incluye la posibilidad de salir de la isla para viajar a Estrasburgo y recoger el galardón.

         Poniendo fin a 134 días de ayuno en protesta por la muerte del también disidente y huelguista de hambre, Osvaldo Zapata, Coco Fariñas posibilitó la liberación de un grupo de presos de conciencia en base a un acuerdo pactado entre el Gobierno cubano, la jerarquía católica de la isla y el entonces ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos. Aquella liberación incorporaba una condición que era la salida de la isla de los disidentes. Su destino fue España. Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con abandonar su país. De los 19 periodistas detenidos durante la ola represiva de la llamada Primavera Negra, 16 salieron de prisión y, de forma automática e inmediata, del país. Llegaron a España junto a sus familiares entre julio y octubre pasados. Los tres que siguen en la cárcel no quieren abandonar Cuba.

Hace pocos días, en un acto organizado por la oficina barcelonesa de la Eurocámara, González y el también liberado Julio César Gálvez, recordaban y rendían homenaje a uno de estos tres presos, a Pedro Argüelles Morán, un periodista de 62 años, cofundador de una cooperativa de informadores independientes, que en el 2003 fue condenado a 20 años de cárcel. La ceguera que ahora tiene, una vida familiar arruinada y en luto, y su negativa a convertirse en un desterrado en tales condiciones hacen que Argüelles quiera quedarse en la isla, un derecho que le niegan las autoridades dispuestas a liberarle, pero a condición de que se vaya.

Hasta el pasado año Cuba era, según el barómetro de la libertad de expresión que elabora Reporteros sin Fronteras, la segunda mayor cárcel de periodistas del mundo. Tras las liberaciones de este año, ha mejorado su posición. Hoy ocupa el puesto 166 de un total de 178, entre Vietnam y Guinea Ecuatorial. ¡Menudo avance!